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Propiedad Artística y Literaria.

miércoles 4 de noviembre de 2009

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La historia de los derechos de autor es larga, probablemente nos tengamos que remontar al momento que el Hombre se da cuenta de su individualidad y del valor particular de ciertas aptitudes manuales intelectuales sobre las de la mayoría, y busca una justa retribución por ello.

En una época más reciente, el México de la primera década del siglo XX, se notar la poca demanda que se hacía de los registros de la propiedad Artística y Literaria. Los editores y escritores eran los más interesados, los traductores, en especial de novelas, los impresores de partituras musicales, y las industrias en busca de protección de sus diseños gráficos, logotipos y publicidad, y en un número muy reducidos fotógrafos.

Para hablar de propiedad artística en este ámbito, nos debemos remitir a los lineamientos que le dan forma, el Código Civil Federal de 1870, modificado en 1884 y con vigencia hasta el año de 1917.


Para nuestra reflexión usamos como base el texto Estudios Sobre el Código Civil de Manuel Mateos Alarcón.

En el Código Civil se equipara la propiedad y derechos sobre las fotografías y del material realizado a partir de ellas a la propiedad literaria. Por su similitud de crear un original y su posible reproducción por diferentes procesos mecánicos. Por lo cual ante la ley, la propiedad fotográfica es igual a la de las obras literarias.

En la redacción de las declaraciones de propiedad, de los creadores fotográficos leemos:

“… a fin de que otras personas no puedan reproducirlas, para cuyo fin, se reserva los derechos que le concede los artículos 1132, 1138, 1196 y demás relativos del Código Civil…”

Estos artículos del Código qué nos quieren decir.

Artículo 1132

“Los habitantes de la República tienen derecho exclusivo de publicar y reproducir, cuantas veces lo crean conveniente, el todo o parte de sus obras originales, por copias manuscritas, por imprenta, la litografía o cualquier otro medio.”

El artículo 1138, declara que el autor disfruta el derecho de propiedad literaria durante su vida, y que por su muerte pasa a sus herederos conforma a las leyes. El artículo siguiente del Código a saber 1139 dice: el autor y sus herederos pueden enajenar esta propiedad como cualquier otra cosa; y el cesionario adquiere los derechos del autor, según las condiciones del contrato.

Para adquirir la propiedad y derechos con protección de la ley, el creador, traductor o editor, según el caso, deben presentarse en el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública, y cumplir con los requisitos del artículo 1248, 1234, y 1236.


El requisito mencionado en el artículo 1248, consiste en la obligación de todos los autores, traductores y editores, de poner su nombre, la fecha de la publicación, y la advertencia de gozar de la propiedad por haber hecho el depósito de los ejemplares, en lugar y forma conforme al Código. En el caso de las obras fotográficas un ejemplar se debe depositar en el Archivo General (Archivo General de la Nación), y otro en la Escuela de Bellas Artes (Academia de san Carlos). Razón por la cual en la actualidad, tanto el AGN como la UNAM conservan colecciones de dicho material. Se puede suponer que una imagen firmada pero sin advertencia sobre la propiedad no fue registrada, o se omitió el dato por alguna razón.

En el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública se crea un registro, donde se asienta las obras que se reciben, y se publica en el Diario Oficial cada tres meses; así como en la Recopilación de Leyes, Decretos y Providencias de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Unión, de forma anual, y en el Boletín de Instrucción Pública. En las imágenes anteriores mostramos la fotografía nº "412 D. Ramón Corral, Vicepresident of Mexico", con la leyenda: "Es propiedad asegurada. Dic 14, 1904. C. B. Waite. Foto." Así como su registro publicado en la Recopilación de Leyes...

Una de las complicaciones que conlleva la asimilación de la propiedad literaria y la propiedad común, es que la última es prescriptible, pero el derecho que del prestigio y la honra dimanan es permanente.

Esto quiere decir que de acuerdo al Código Civil de 1884, la prescripción física opera a los 10 años.


La imagen de C. B. Waite, "663 Gen. Porfirio Díaz President of Mexico", registrada el 14 de diciembre de 1904, para el 15 de diciembre de1914 pasaría a ser del dominio público. Pero C. B. Waite tiene el derecho que se respete su nombre como autor, por lo tanto su honra y prestigio.

Imagínense si en la trasmisión de una estación radiofónica o en la portada de un disco de música escucháramos o leyéramos según el caso: “Sinfonía nº 9 Coral, basada en el texto del poeta Schiller, la alegría” y nada más; un musicólogo o aficionado a Beethoven diría: “porqué no se menciona al autor…

O sí en una librería encontráramos un volumen con el título “El ingenioso Hidalgo de Don Quijote de la Mancha”, seguidamente “Biblioteca del Congreso de la Unión”, y en ninguna parte encontráramos el nombre del autor: Miguel de Cervantes Saavedra…


Este trato sí lo encontramos repetidas veces hasta la actualidad con los fotógrafos Mexicanos de finales del siglo XIX y principios del XX, no solo con los que legalmente protegieron sus derechos, también los que con una firma abalaban por su nombre el prestigio de su trabajo. En una publicación posterior a 1901 a parece una imagen muy semejamte a la fotografía de Waite, a su pie se lee: "General Diaz as commander in chief of the mexican army. from a painting when he was sixty-five years old". El hecho de provenir de una pintura es más valioso que saber que procede de una fotografía...

Como en las obras de arte resultan en realidad dos beneficios, el proveniente de la venta del original y el de las reproducciones, en el caso que el titular de los derechos lo desee, puede enajenar ambos de forma conjunta, o independiente, o reservarse alguno. Esta posibilidad dio origen a controversias desde un principio, cuando no se especificaba claramente los límites en los contratos; pero en el Código Civil de 1884 se deja zanjado el asunto en artículo 1198: “el que adquiere la propiedad de una obra de arte, no adquiere el derecho de reproducirla si no se expresa así en el contrato…”

Por eso, donde conocemos que Emiliano Zapata Salazar, paga mil pesos a Heliodoro J. Gutiérrez por la realización de un estudio fotográfico, H. J. Gutiérrez registra las imágenes, pues el derecho de reproducción lo mantiene él.

Esto nos da otro problema; cuando hablamos de obras artísticas como una pintura o escultura, no hay problema para diferenciar una obra común de una artística, aunque podemos ponderar diferencias en el valor artístico. Pero quien califica cuando una fotografía es artística o no…de hecho tardo tiempo en que la fotografía fuera aceptada como una expresión artística, y no una mera copia mecánica de la realidad. En 1911 se realizo en México la primera exposición fotográfica, realzando las cualidades artísticas de este medio de expresión.


El general Porfirio Díaz, obra firmada por el pintor barcelonés José Cusachs en 1901, cuadro que se encuentra en la actualidad en el castillo de Chapultepec, ciudad de México; mismo que mencionamos anteriormente, y como veremos más adelante la fotografía de C. B. Waite era anterior a la fecha de su registro en 1904, y sirvio de modelo a Cusachs.

He aquí la importancia de la forma en que los Fotógrafos hacen sus registros. No es lo mismo al que se llama: “Señor”, o “de profesión fotógrafo”, o el fotógrafo que a sí mismo o la autoridad lo nombra como “Artista fotógrafo”.

Entre 1900 y 1909 solo F. L. Clarke y H. J. Gutiérrez tienen el calificativo de “Artista fotógrafo”, ante el Ministerio de Justicia e Instrucción Pública.

El Código Civil hace otra salvedad sobre la propiedad, se estima como autor al que mande hacer una obra a sus expensas, salvo convenio en contrato, y declara también que el artista que ejecuta una obra mandada hacer por determinada persona, pierde el derecho de reproducirla por un arte semejante. Dado que Cusachs, no registra los derechos de reproducción de su cuadro, y que Waite lo hace sobre su fotografía, indica dos cosas, o a Cusachs no le importaba, o Waite tenía precedencia.

En el caso del fotógrafo Aurelio Escobar Castellanos, como empleado de H. J. Gutiérrez perdía sus derechos de reproducción sobre el material que producía, caso similar el de Agustín V. Casasola como empleado de diferentes diarios y revistas. Pero sus derechos como autores en su honra y prestigio se mantienen.

Esta es la razón por la cual los medios impresos empiezan a darles crédito a los autores de las fotografías, no es una graciosa concesión. Una publicación con prestigio, lo ve incrementado al contar con plumas y fotógrafos con prestigio; las publicaciones al dar crédito a los fotógrafos simplemente aceptan una realidad, el lugar social que el fotógrafo había adquirido.

El Universal Ilustrado, no puede ser más claro, el 28 de septiembre de 1917 publica: “los Sres. Fotógrafos de toda la República: suplicamos nos envíen fotografías artísticas de bellezas de la región donde tengan establecidos sus talleres, a fin de publicarlas…”; a cambio, el autor obtendría reconocimiento nacional gracias a la amplia circulación de la revista.


En otra revista (por desgracia desconocemos el título de la revista) publicada en 1901 se presenta la fotografía de Waite, pero recortada de manera de eludir el titulo y la firma, que en la fotografía registrada son notorios. Aun más en detrimento de los fotorreporteros, es la circunstancia que no hay propiedad literaria en los periódicos políticos, y su contenido pasaba a ser de dominio público al momento de publicarse. Excepción hecha cuando una fotografía con propiedad artística literaria previa, es concesionada para la publicación, y es expresa la propiedad del titular; mecanismo usado por las agencias fotográficas.

Por la evidencia gráfica presentada podemos intuir que C. B. Waite tomo la fotografía para que Cusachs trabajara sobre ella, y a partir de entonces empezo a tener problemas con los derechos de reproducción, terminado por registrar la imagen tres años después.

Este punto es relevante en cuanto al trabajo de Agustín V. Casasola, como fotorreportero, gran parte de sus trabajos publicados, siempre han sido del dominio público, y ninguna persona física o moral puede pretender tener derechos de propiedad sobre ellas, para la exclusividad en su reproducción. Y explica porqué entre 1900 y 1909 ningún fotorreportero registra ni una sola imagen.

Sin embargo llegamos a otra complicación, en la actualidad un libro o revista registra los derechos de autor ©, de su contenido y pone una leyenda del tipo: “Este libro no puede ser fotocopiado, ni reproducido total o parcialmente, por ningún medio o método sin la autorización por escrito del editor”. Siendo que si usa imágenes del dominio público, estas no pueden ser registradas de nuevo, y continúan siendo del dominio público. En algunos caso encontramos otra leyenda del tipo: “La reproducción, uso y aprovechamiento por cualquier medio de las imágenes pertenecientes al patrimonio cultural de la nación mexicana, contenidas en esta obra, está limitada conforme a la Ley Federal sobre monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, y la Ley Federal de derecho de Autor…” Lo cual es lo correcto, pero no se especifica claramente cuando las imágenes son del dominio público.

Lo que es incorrecto, es cobrar derechos de reproducción por obras del dominio público. Está bien que se cobren comisiones por los gastos de preservación, investigación y difusión del material fotográfico de dominio público, por el alquiler de imágenes para exposiciones, por el trabajo de digitalización o reproducción, reitero por “el trabajo de reproducir”, pero no por derechos de reproducción. Y mucho menos que se de crédito a la colección de fulanito de tal, o archivo o biblioteca “X”, y al fotógrafo ni siquiera se le nombre como “anónimo”, aun cuando en la imagen es visible la firma.

Cuando revisamos las fichas bibliográficas en un libro, nos dicen: el autor, el título, la fecha de impresión, el editor, pero nunca nos dicen de que biblioteca lo sacaron, o en que librería lo compraron, entonces por qué se da este trato a los fotógrafos, que no solo nos proporcionaron de recuerdos, de obras de arte, sino de documentos históricos irremplazables.


En otro espacio hablaremos de las falsificaciones y el delito de fraude, de acuerdo al mismo Código Civil de 1884, pero por último mostramos un par de tarjetas postales, la primera editada por J. G. Hatton, México nº 3359, con sus diferencias obvias se trata de un dibujo realizado sobre la imagen de C. B. Waite. Se encuentra fechada 25 septiembre 1905. La segunda al final del texto, es un fotomontaje, la fotografía de Waite se sobrepone a una vista del castillo de Chapultepec, con buen factura, aunque se pueden diferenciar los puntos de vistas diferente de ambas tomas. El editor marca la postal con las iníciales EBM, dentro de un trébol boca abajo, posteriormente se remarco con el nombre de otro fotógrafo: Fred Lockley...

C. B. Waite a lo largo de los años trabajando en México hizo buenos negocios, no entendible simplemente por la venta de fotografías originales, la mayor parte de ellas sirvió de modelo directo, o con algunas modificaciones, tanto en apariencia como por los procesos de reproducción para distribuirse masivamente como tarjetas postales. El interés de C. B. Waite por mantener un volumen elevado de imágenes protegidas por la Ley, le implicaba buenos dividendos por los derechos de reproducción, permitiéndole comprar a la margen del río Coatzacoalcos una propiedad de 517 hectáreas, por ejemplo. Y poder enfrentar juicios por fraude o plagio si hubiese sido necesario, claro sí se enteró.


Todas las imágenes usadas son del dominio público


“Artista fotógrafo”.

jueves 29 de octubre de 2009

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19 de octubre de 1917, en las páginas de “El Universal Ilustrado”, aparecían los retratos de Martín Ortiz, José Arriaga, Heliodoro J. Gutiérrez, Emilio Lange y Adolfo de Porta (Napoleón), identificándolos como los colaboradores fotográficos; “quienes con sus excelentes trabajos artísticos, que han dado extraordinario brillo de México al arte fotográfico, realzan la belleza de estas páginas.” (Habrá que reconocer que todos ellos eran afamados fotógrafos retratistas)


Seguramente junto al hecho de haber sido Heliodoro J. Gutiérrez el Presidente de la Sociedad Mutualista de Fotógrafos de la Prensa en 1913-1914, y de de haberse registrado en la Propiedad Artística y Literaria, bajo la firma H. J. Gutiérrez abundantes postales con imágenes del acontecer revolucionario, dieron como resultado la errónea idea de que Heliodoro Juan Gutiérrez Escobar fue fotorreportero.

Aunado al poco interés por la fotografía histórica durante prácticamente todo el siglo XX en México, y a los diversos intereses por crear y fomentar el mito de los Casasola, originó que fotógrafos como Heliodoro J. Gutiérrez, se fueran desdibujando hasta desparecer, a pesar que la información que hacía evidente otra realidad, permanecía ahí para ser redescubierta.

La Doctora en Historia del Arte Claudia Negrete Álvarez en 1999 en su artículo “El edificio Gore y la fotografía Marst” aparecido en el número 7 de la revista Alquimia, empieza a mencionar el nombre de H. J. Gutiérrez en un contexto diferente.

Es realmente Heliodoro J. Gutiérrez, un personaje que se merece un mejor trato por la historia, y no solamente las tres líneas que por años se le dedicaron, hombre emprendedor, exitoso por muchos años en los negocios, visionario, pero sobre todo como en la Recopilación de Leyes, Decretos y Providencias de los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Unión, formado por la redacción del Diario Oficial, tomo LXXXIV editado en 1909, hace referencia de él:

“Artista fotógrafo”


Al recorrer los diferentes volúmenes de las recopilaciones entre 1900 y 1909, llama la atención la forma en que los diferentes interesados se presentan, o las mismas autoridades los reconocen. Señor es el término usado para M. Hunt Cortés, Octaviano de la Mora, o Schlattman Hermanos; fotógrafo para C. B. Waite; a J. M. Lupercio se le refiere: de profesión fotógrafo; y solo a Franke L. Clarke se le da el título de “Artista fotógrafo” a la par de H. J. Gutiérrez.

Esto solo es tomando en cuenta los registros de Propiedad Artística, resultando sorprendente el bajo interés por los creadores de imágenes fotográficas por registrar su trabajo, y a lo que habría que restar los nombres de aquellos solicitando derechos pero sin ser los creadores, y de los que solo eran productores de tarjetas postales, o marcas comerciales; a continuación damos la relación de todos los nombres localizados.

1900
M. Hunt Cortés, José A. Faymoville y H. R. Fitch, Schlattman Hermanos.
1901
C. B. Waite, Octaviano de la Mora, A. Briquet, Josefina Carrillo de Albornoz, H. F. Schlattman, Emilio Lange, Felipe Torres, José Martínez Castaño.
1902
Schlattman Hermanos, H. F. Schlattman y R. J. Wilcox, Isabel I. Ferry, Eduardo Garduño.
1903
Sin datos
1904
Percy S. Cox, Santa Cruz y Olivier, Emilio Lange, F. León y Calderón, C. B. Waite, F. L. Clarke, Octaviano de la Mora.
1905
C. B. Waite, Octavio Paz, Percy S. Cox, F. E. Plummer, José M. Lupercio, Meurad Rasch, Efisio Caboni, Salvador E. Gutiérrez.
1906
Santa Cruz y Olivier, F. L. Clarke, Salvador E. Gutiérrez, José Zamora, Eduardo J. Wilson, Antonio Hoffman, Florencio M. Maya, Félix Miret, C. B. Waite, Samuel Tinoco, James Denson Cook, Sonora News Co.
1907
Diego F. Peña, juan B. Moreau, A. C. French, Manuel Hernández, Diego F. Peña, Sonora News Co., Juan D. Vasallo, G. W. morrow, C. B. Waite, Percy S. Cox, H. J. Gutiérrez, Octaviano de la Mora.
1908
C. B. Waite, F. L. Clarke, Sonora News Co., G. W. morrow, Sabino Osuna, Félix Miret, Francisco Lavillette, Alberto Holm, H. J. Gutiérrez.
1909
Santiago Díez, C. B. Waite, Alfredo Briquet, Félix Miret, Juan D. Vasallo, Sabino Osuna.

Como bien hizo notar Francisco Montellano en su libro sobre C. B. Waite, el fotógrafo tenía una obsesión por registra su producción en comparación con otros fotógrafos o una clara conciencia de sus méritos autorales; de los 9 años estudiados solo él registra imágenes durante 7 años, y por ejemplo en 1901 el primero de ellos registra 108, y en 1909 son 275…

Las imágenes de C. B. Waite tenían como meta el mercado de las tarjetas postales, aunque él no las registra específicamente para ese fin. Los fotógrafos de Estudio, o retratistas registran fotografías básicamente de personajes públicos y con el fin de ser imágenes oficiales; siendo los motivos: El presidente Don Porfirio Díaz y su esposa, Jaime Nuno, Federico Gamboa, Lascurain, Ramón Corral, D. Miguel Ahumada, Ignacio Mariscal, Manuel González Cosio, etc.

De la lectura de los documento encontramos interesantes revelaciones, durante el año de 1908, H. J. Gutiérrez presenta el registro de imágenes ante la Secretaría de Instrucción Pública en dos ocasiones, febrero 13 y marzo 3, en total por 8 fotografías, de las cuales solo la mitad sobreviven en el Archivo General de la nación en el fondo Propiedad Artística y Literaria… (registro: 88. Gutiérrez, H. J., Personajes, 4 imágenes de Ignacio Mariscal)

Una año antes 1907, H. J. Gutiérrez hace registros de Propiedad Artística por primera vez, en octubre 7, por diversos lugares del Castillo de Chapultepec, en el Garden Party, organizado en honor del Sr. Elihu Root, del día 2 del mismo mes.


En octubre 11, registra dos más fotografías que representan el grupo de invitados al banquete ofrecido por el Sr. Lic. Ignacio Mariscal al H. Elihu Root (secretario de estado de los Estados Unidos), en el Restaurante de Chapultepec. (Las 6 fotografías se conservan en el AGN en los registros 87. Gutiérrez, H. J.: Fiestas Mexicanas, y 88.1: Personajes varios.)

Que más hubieran querido de H. J. Gutiérrez, sino un actuar parecido al de C. B. Waite, y así contar por lo menos de una amplia relación de sus creaciones.

Heliodoro J. Gutiérrez se había avecindado en la ciudad de México para ejercer profesionalmente en 1905, y en dos años obtenía comisiones en las altas esferas de la política y sociedad mexicana, y del título de “Artista fotógrafo”.

De las imágenes resguardadas en el AGN, fondo Propiedad Artística no poseemos copias, sin embargo la fotografía que mostramos, 8x10, es de las pocas negativas sobreviviente del incendio que acabo con parte del archivo fotográfico de H. J. Gutiérrez, por lo cual es evidente el deterioro de la misma. Y podría pertenecer por la temática al grupo de octubre 7 de 1907.

Esta investigación fue posible gracias a la colaboración de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Colección Digital.


Se busca... H. J. Gutiérrez

miércoles 21 de octubre de 2009

.A lo largo del último año, hemos ido recreando las trayectorias de los fotógrafos Heliodoro Juan Gutiérrez Escobar y Aurelio Escobar Castellanos, a veces parecería que la figura de uno se acrecienta en detrimento de la otra, aunque en conjunto ha sido una auténtica reescritura de parte de la historia de la fotografía en México.


Debilitar a uno para fortalecer al otro, ni es la intención, ni la realidad, ambos fotógrafos mantendrán por más de 25 años una relación profesional tan estrecha, que terminaran siendo “el alter ego” uno del otro, los dos firman con las mismas maracas comerciales.

Claro esto crea confusión…

Muchas veces se enmascaran tras las firmas comerciales a su disposición:

Casa Amplificadora de Retratos


La Postal Photo Finishing
The Chicago Photo Studio


H. J. Gutiérrez Foto
Marst
Paris

La firma comercial no es una garantía del 100%. A veces nos podemos ayudar, con los datos sobre las ausencias en México de uno u otro de los fotógrafos, también es importante saber que Heliodoro J. Gutiérrez no hace trabajo de campo durante la Revolución Mexicana. Pero estas no son suficientes pistas para poder discernir con claridad.

Aun más, existe material que no fue firmado comercialmente, ni de manera particular por ninguno de los dos, sus razones tendrían…

Como si fuera poco, no existe lo que podríamos llamar el archivo personal, aspecto que en el caso de otros fotógrafos como: Casasola o Brehme, son herramientas invaluables para su conocimiento, donde básicamente necesitamos zambullirnos en los acerbos existentes para analizarlos.

Con H. J. Gutiérrez, como firma comercial hubo el interés de recolectar su material, testimonió revolucionario, subsistió una pequeña parte en los registros de derechos de autor. Pero la riqueza visual resultado de decenios de incansable trabajo se encuentra perdída.

Del trabajo de “Estudio” de estos dos hombres no existe ningún archivo, en ninguna institución. Sin embargo es posible en los mercados de antigüedades, encontrar fotografías con las firmas de las casas comerciales a las que les dieron vida.


Francisco Montellano me comentó sobre sus libro: C.B. Waite Fotógrafo, “al paso del tiempo le veo cada vez más errores aunque tomando en cuenta que revisé más de 3500 fotografías… Tres mil quinientas, en más de diez años de investigación no he localizado ni siquiera 500 con la firma H. J. Gutiérrez, seguramente por ahí han de estar, como recuerdos familiares y en colecciones particulares.

Contar con abundante material, nos permite crear los parámetros de un estilo, su evolución, soportes, formatos, etc., y en el caso de las imágenes creadas dentro del espacio de un estudio, el mobiliario, los telones, alfombras, y demás artilugios de escenografía.

Heliodoro tenía en su estudio un pesado sillón labrado y en piel, patas torneadas, los descansa brazos rematados en volutas, y sobre el amplio respaldo las cabezas de unos faunos, mirando a la derecha y a la izquierda. En ella retrató a su cuñado Francisco Vélez a fines de 1912 o principios de 1913, con la marca “H. J. Gutiérrez 2ª Nuevo México 30”, fotografía que previamente hemos publicado.


En ese mismo sillón encontramos sentado a José María Pino Suarez, pero con la marca” Es Prop. Marst” (con el link se puede visualizar una toma diferente).
A continuación mostramos un par de imágenes de personajes desconocidos, en el mismo sillón... A diferencia de otros casos aquí vemos la fotografía en su ambiente original, montadas y con la marca del "estudio" que la publicó, H. J. Gutiérrez Av. Madero 34. Tendríamos buenas razones para pensar en Heliodoro J. Gutiérrez cuando veamos el mismo sillón en una fotografía anónima…




Y nada menos a quien encontramos es a Francisco I. Madero en su investidura Presidencial.


Heliodoro J. Gutiérrez no visitó los campos de batalla, los personajes que estaban dando forma a la nación mexicana tocaban a su puerta. En este sentido tenía una posición privilegiada, solo con la aparición de fotografías podemos conformar una lista: en 1910 fue el turno del Presidente Porfirio Díaz, y retrato a Francisco I. Madero en 1911, tuvo su lugar Gustavo A. Madero, José María Pino Suarez, Francisco León de la Barra, Miguel Díaz Lombardo, Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Venustiano Carranza, Álvaro Obregón, a la famosa Carmen Mondragón años después conocida como Nahui Ollin, la retrato en su matrimonio con Manuel Rodríguez Lozano en el 1913...

Pero cuantos más circularon por sus estudios, será el tiempo quien nos lo dirá.

De momento mencionamos personajes directamente vinculados a la vida político militar de los conflictivos años de la revolución. En el libro Retratos de mexicanos 1839-1989 de Adolfo Castañón y Pablo Ortiz Monasterio, encontramos una fotografía de Leonor Herrera de Prieto; en El río de mis sangre: Memorias, de Genaro Fernández Mc Gregor, vemos al mismo autor a sus 27 años, Ana Mac Gregor con Genaro y Víctor en una foto de la firma Marst; en 1908 Heliodoro fotografió a Justo Sierra, Ignacio Mariscal y Vicente Morales. Ponemos otra fotografía del estudio Marst, Nuevo México nº6, con elegante grupo de caballeros a los cuales no conocemos.


Aurelio de los Reyes, en su libro: No queda huella ni memoría?, escribe (Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Estéticas, Colegio de México – 2002):

“Quienes visitaron la ciudad de México se retrataron con los mejores fotógrafos: H. J. Gutiérrez, Emilio Lange, los hermanos Valleto, Cruces y Campa o Cruces y Compañía, Clarke, Schlattman.”

Y sin embargo Olivier Debroise, en “Fuga mexicana un recorrido por la fotografía en México”, ni lo menciona…

Las firmas comerciales creadas por Heliodoro J. Gutiérrez, no son una sucesión de establecimientos, a finales de la década de los 10, y principios de los 20, por lo menos cuatro de sus establecimientos convivían, uno en el que fuera el edificio más alto de la ciudad, el edificio Marst, Nuevo México nº 6; un segundo en el que fuera el estudio de los hermanos Valleto, Av. Francisco I. Madero 34; más uno en Nuevo México nº 30 donde pagaba un a renta de 95 pesos en oro fuerte, como se lo estipulaba su contrato, y otro al parecer en la calle de 5 de Mayo nº 19.


Heliodoro Juan Gutiérrez es ante todo un fotógrafo de estudio, con esto no queremos decir un hombre recluido en un salón con su cámara; es un estudioso de la imagen, del movimiento y la luz, un creador de ambientes, un escenógrafo. De igual manera adaptable a la luz eléctrica, los espejos, o los rayos del Sol, de su alumno podemos decir lo mismo.

Para ustedes apreciables lectores, los que por primera vez llegan a este Blog y a los visitantes recurrentes, los invito a compartir la riqueza visual creada por H. J. Gutiérrez, y Aurelio Escobar Castellanos, sí conocen fotografías con sus marcas comerciales o firmas personales, permítanos conocerlas.

Shrapnel...

viernes 16 de octubre de 2009

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En esta ocasión iremos directamente a una imagen, dejemos que hable por si sola…

Fotografía 5x7 numerada como 27 y con la leyenda: CASA DESTRUIDA POR LA METRALLA., HJGUTIERREZ. FOTO. MEX., De la autoría de Aurelio Escobar Castellanos.

Se muestra los destrozos al interior de una vivienda, por medio de otras imágenes podemos suponer que se trata de la construcción en el predio número 99 del Paseo de la Reforma en la ciudad de México, tomada en los últimos días de la Decena Trágica, febrero 1913, el edificio ya no existe.

Al fondo se ve un resquicio de luz por debajo de una puerta, se trata de un portón de dos hojas, y por la configuración arquitectónica, podemos suponer que es la entrada principal hacia la calle. Seguramente al momento de producirse el ataque causante de los daños se encontraba ya abandonada, lo podemos inferir puesto que no hay el menor intento por alterar la escena, inclusive el fotógrafo tiene el cuidado de no pisar el polvo ni los escombros.

Es el patio central, el cual se circundaba por las habitaciones del edificio de dos plantas y un ático, existe un corredor perimetral cubierto en el piso superior, aunque no lo vemos en la imagen, la nítida huella del polvo marcando el claro de luz lo delata. De la misma forma las láminas retorcidas y perforadas sobre el suelo, son el despojo del techo. Generalmente sobre un piso nivelado, el último de la construcción que sería el del ático, se construía la estructura para la techumbre exterior, de madera recubierta de tejas o láminas metálicas como en este caso, por eso sabemos de la existencia del ático, claro al observar las entonces viviendas del paseo de la Reforma vemos que muchas contaban con ático.

Fotografía 5x7 distribuida por H. J. Gutiérrez, el efecto de las granadas Shrapnel en un tejado.

Lo que en realidad nos interesa es la escena de los destrozos, las huellas de un crimen…

A la Decena Trágica se le ha llamado también la Guerra Falsa, nada falsa por sus resultados físicos, pero la farsa y contubernio entre los sublevados, Felicistas, y parte de las fuerzas Federales ha dado pie a ese apelativo.

Aunque el estudio de los daños físicos causados a la ciudad de México no se ha hecho, al parecer son menores de lo que se podría suponer, el mismo poeta José Juan Tablada, que escribió un diario sobre la Decena Trágica, presenciándola desde su casa en Coyoacan, lo hace notar cuando él finalmente ingresa a la ciudad de México.

¿Esto tiene que ver con la guerra Falsa?

Tanto las intrigas del Embajador de los Estados Unidos para derrocar al gobierno de Francisco I. Madero, en parte secundado por el representante de Alemania, como la táctica usada por los Felicistas bajo el influjo de ellos, se basaba en el engaño, la manipulación del temor, y crear un estado de abatimiento general, para aceptar cualquier solución. Pero no hubo una intención de destruir la ciudad, y se buscaron los medios para reducir los daños físicos y alimentar el terror. En que podemos sustentar esta apreciación.

Básicamente la Decena Trágica desde el punto de vista táctico la podemos resumir en un duelo de artillería. Cuanta munición se uso es un misterio, hay desde quien menciona 100 disparos al día hasta los mil cañonazos.

Con un abultado número de disparos era de esperarse la ruina de la ciudad, gran temor de José Juan Tablada, pero qué paso.

Nº6 H J GUTIERREZ, fotografía del general Felipe Ángeles.


Tenemos el testimonio del General Felipe Ángeles, el mejor artillero de las tropas leales al régimen: con la constante queja de no contar con la munición adecuada…

En la tarde del 9 de febrero de 1913, personalmente Francisco I. Madero se dirige a la cercana ciudad de Cuernavaca, donde se encontraba acantonado el general Ángeles para traerlo a la ciudad de México y reforzar su situación.

El general Ángeles era un militar de carrera con estudios en Europa, sabía lo que decía, no era posible tomar la Ciudadela con esas municiones. Las fuerzas de Cuernavaca viene equipadas con varias baterías de artillería de cañones St. Chamond -Mondragón de 75mm.

Este cañón, prodigio de una mente mexicana, era ni más ni menos la creación del general Manuel Mondragón uno de los conjurados, y líder de los felicistas atrincherados en la Ciudadela. Se basaba su diseño en el cañón francés St. Chamond, al que se le realizaron mejoras al grado de convertirlo en el mejor cañón de la época, superior en prestaciones a los usados durante la Primera Guerra Mundial. Era un arma tan eficaz, que los norteamericanos se llevaron algunos ejemplares a su país para analizarlos, durante la Guerra Civil Española, 1936-39, el gobierno mexicano envió 16 cañones a la República aunque fueron capturados antes de llegar a su destinatario; y en la Guerra Árabe Israelí de 1949, los israelitas compararon algunas docenas de estos cañones llamándolos cucarachas.

Pero de qué sirve tan ejemplar arma sin municiones…

¿A que se refiere el general Ángeles?

El cañón Mondragón en 1913, podía recibir básicamente cuatro tipos de munición, explosivas, fragmentación, demolición, e incendiarias.

Al llegar el general Ángeles a la ciudad de México su artillería solo llevaba municiones de fragmentación, conocidas como: Shrapnel.

Se trata de una munición antipersonal, básicamente un cilindro relleno de explosivos y balines, con una espoleta de percusión. Al chocar el proyectil la espoleta detona los explosivos y hace volar por todas partes la metralla, es una munición diseñada para ataca a la infantería y causar el mayor daño posible a las personas (Peso del proyectil: 6,5 kg. Número de balas de plomo endurecido: 278. Carga de proyección: 80 gramos de pólvora "B") Y prácticamente inútil contra un edificio, era como lazar pedradas, a mucha velocidad claro está.

El general Ángeles sabía que con municiones de demolición e incendiarias, la Ciudadela no hubiera aguantado ni un día, pero nunca la tuvo a su disposición, pues este tipo de material se encontraba resguardado en la Ciudadela, granadas explosivas de alto poder, granadas torpedo, granadas Martín-Halle. Y nadie se intereso de traerlas de algún otro lugar.

Regresando a la fotografía, encontramos en el piso 5 espoletas Shrapnel, los restos claros de dos cilindros, más abundantes fragmentos; y otra espoleta de una munición explosiva, y como si no fuera suficiente abundantes balines, al interior de la vivienda se debieron esparcir 1390.

La primera pregunta es cómo se hace para meter todo ello en el patio. La lámina más prominente entre los despojos tiene los rastros de 5 impactos, dos en su parte central y otros tres en una de sus juntas.

Estando el techo en su estado original era posible que hubiera aguantado un primer impacto siendo solo perforada la lámina, las dos entradas de la parte central son limpias, pero ante el repetido golpeteo y probablemente simultaneo se vino abajo, sin contar un impacto explosivo.

El cañón Mondragón tenía una cadencia de fuego de 21 disparos por minuto, seis más que su contraparte francesa, esto quería decir que podían disparar una vez cada 3 segundos; permanecía casi inmóvil durante el tiro, enterrando la azada posterior del mástil en el primero o segundo disparo, contribuyendo a su estabilidad el hecho de no existir choques ni rozamientos durante el retroceso y vuelta en batería, debido a que el freno es hidráulico y el recuperador de resortes. De esta forma una misma pieza podía hacer repetidos tiros casi en el mismo lugar, como vemos con diferencia de centímetros.

Tarjeta postal anónima, publicada por Enrique Krauze en Madero Vivo.


Aunque el cañón Mondragón tiene muchas virtudes, es un cañón de campaña, con un ángulo de tiro al cenit de 17º 30”. Esto quiere decir que no puede hacer tiros parabólicos, lo ideal para eficientar la acción destructora durante un “sitio”. Para esto se usan morteros u obuses, cañones de gran calibre y cañón corto que casi disparan verticalmente, con poca distancia de alcance. Entre mayor sea la distancia del objetivo más eficiente y mortífero es la acción del Mondragón hasta su alcance máximo de 4000 metros.

A lo largo de la calle de Balderas, prácticamente desde sus dos extremos, se dio un duelo de artillería, los felicistas perdieron un cañón y los federales dos a causa de impactos directos, sin embargo los daños son relativamente pequeños en la calle; no encontramos ni un solo cráter…

En la esquina de Balderas y Victoria encontramos el edificio más dañado, algunos refieren que se usaron explosivos y otros que fue el impacto de municiones incendiarias.

En el edificio del Heraldo, que fungía como paramento al final de la calle de Balderas, y que bajo su sombra el general Maas colocó una pieza de artillería, contamos por lo menos 24 perforaciones de granadas de gran calibre, probablemente de un Mondragón; sin embargo con dos o tres granadas torpedo, hubieran quedado un montón de cascajo en vez del edificio.

Es claro, las tropas leales a Francisco I. Madero solo contaban con munición Shrapnel para sus cañones Mondragón, aunque sus cañones de menos calibre tenían algunas granadas explosivas, como las que destruyeron la torre de la sexta comisaría. Su contraparte, los felicistas, solo usan granadas explosivas de manera muy reducida a pesar de contar con un arsenal para haber convertido a la ciudad de México en escombros.

No fue una decisión humanitaria, bien por el contrario… ¿pero quién la tomó?

Luego de la muerte del general Bernardo Reyes a las puertas de Palacio Nacional, la mañana del 9 de febrero, tanto el general Félix Díaz como Manuel Mondragón, toman decisiones tácticas erróneas.

La guarnición con el control de Palacio era muy reducida, y era fácil mantenerla acorralada dentro del edificio, con la superioridad numérica de los felicistas, era factible esto y al mismo tiempo iniciar el ataque al castillo de Chapultepec, como se había previsto inicialmente.

Fotografía atribuida a Agustín V. Casasola. Aquí podemos ver el daño causado al interior de una vivienda, por una granada explosiva, a diferencia del experimentado por las granadas Shrapnel.

Los felicistas contaban con adeptos infiltrados en todos los cuerpos armados de la ciudad de México, y con probabilidad se enteraron de la salida del presidente Francisco I. Madero junto con su escolta de cadetes, se menciona que las tropas de Mondragón anduvieron erráticas por las calles de la ciudad, cosa falsa, pero sí hicieron una pequeña desviación, de una cuadra para evitar toparse con la columna de Madero; el enfrentamiento directo de ambos grupos con seguridad hubiera decidido el destino la misma mañana del 9 de febrero de 1913.

Para los felicistas era esencial terminar el asunto lo más rápido posible, idea básica de un golpe de estado…

¿A quién le interesaba extender el conflicto lo más posible?

Al momento de encontrarse el general Victoriano Huerta con Madero, mediaba entre él y cualquiera de los grupos beligerantes una cuadra, Huerta estaba esperando…

¿Por qué Mondragón no inicia el bombardeo de Palacio Nacional, inmediatamente después de tomar la Ciudadela? Pierde una segunda oportunidad, con un bombardeo de un par de horas con granadas explosivas y un ataque de infantería, y punto final…

La historia es como un juego de ajedrez, donde la previsión de los acontecimientos por medio de la especulación nos da la respuesta al hubiera… Pero la realidad es otra, y el movimiento Felicista cae en su propia trampa, dando fuego a las hogueras que otros querían incendiar.

La poca destrucción de la ciudad de México es solo aparente, las granadas Shrapnel con mucha dificultad podían derribar un muro, pero la mayoría de las techumbres no aguantaban la andanada de una batería, inclusive aquellas construidas con viguería de madera y entortados de argamasa y ladrillo. Por lo tanto son pocos los muros que encontramos derruidos, la ausencia de fotografías aéreas y el reducido recuento de los daños al interior de las viviendas nos engañan.

Tarjeta postal, sin firmar, ni rotular, pero perteneciente a la producción de la H. J. Gutiérrez, en el piso vemos los restos de dos granadas Shrapnel.

Hay testimonios de la frecuencia con que las granadas Shrapnel entraban directamente a las habitaciones por las ventanas, y un simple vidrio roto por el exterior podía significar la muerte y destrucción al interior.



Fotografía superior atribuida a Hugo Brehme, esquina de Balderas y Arcos de Belem, 9 de febrero, la batería lista para hacer fuego sobre la cárcel de Belem, en el piso se despliegan 9 granadas explosivas. Fotografía inferior atribuida a Antonio Garduño, un acercamiento de la misma esquina de Balderas y Belem, donde son muy visibles los daños causados por las granadas explosivas. De haberse usado más intensivamente las municiones explosivas este sería el aspecto de toda la ciudad.

En mi infancia llegue a visitar la casa del fotógrafo Enrique Escobar Castellanos en la calle de Meave, lo cual me causaba angustia y temor por el grado de deterioro de la vivienda, una vecindad de dos plantas de finales del siglo XIX o principios del XX; por mucho tiempo pensé que era el resultado de las rentas congeladas y la negligencia en el mantenimiento. Sin embargo después de muchos años de visitar la colonia Guerrero, una de las más pujantes aéreas de la clase media durante el porfiriato, he visto incansables veces el mismo tipo de cicatrices urbanas; mi conclusión: muchas de las techumbres dañadas durante la Decena Trágica nunca se repararon…

Se ha pensado que la gran mortandad de civiles durante la Decana Trágica, fue consecuencia de los curiosos, y de la sorpresa con que sorprendió a muchos en la mañana del 9 de febrero; pero no tenemos la menor idea de cuantos murieron pensando en la seguridad de los muros de sus viviendas.

La aparente alegría con que la población de la ciudad de México recibió al supuesto régimen felicista, se apuntaló con granadas Shrapnel, y se pagó con torrentes de sangre.

Presentemos el arma...

St. Chamond-Mondragón.

Fotografía atribuida a Hugo Brehme, Av. Juárez frente al teatro Nacional.

El tubo-cañón se distinguen la caña volar y el refuerzo, formados por 7 zunchos de acero especial, embutidos en caliente, por lo que el apriete viene a constituir una sola pieza; el primer tubo presenta dos rayas de paso progresivo.

Presión máxima: 2.300 kg. x cm.2, producto de la combustión de 600 gramos de pólvora, contenida en un proyectil de 6,5 kg. de peso.

La parte posterior del tubo se obtura por el cierre, o sea una masa cilindrica con 3 sectores lisos y 3 fileteados, que corresponden a campos iguales en la culata; el cierre da paso central al percutor. Para asegurar el tornillo de la culata durante el fuego, o en las marchas, va provisto de llave, postigo y palanca de maniobras.

La cureña la forman el trineo, la cuña y el cuerpo de cureña, que soporta los mecanismos de puntería, freno de ruedas, coraza, eje de ruedas y mástil.

Los mecanismos de puntería son dos: el de altura tiene una amplitud de 5° abajo del horizonte y 17° 30' hacia el cénit. El mecanismo en dirección se efectúa por deslizamiento de la cureña sobre el eje de ruedas, en 3° a la derecha y 3° a la izquierda del eje del cañón: además, posee una línea de mira de 800 mm. de longitud, colocada a la izquierda del tubo y que sirve para un apuntado previo, o para los momentos de apuro, a reserva de corregir la puntería en dirección y por horquilla en alcance.

El equipo de una pieza lo forman:
La pieza con sus aparatos de puntería; el mástil posee argollón de contera para engancharlo al avantrén.

El avantrén de la pieza contiene 36 granadas y sirve de asiento a los tres sirvientes de ésta; por la parte delantera se encuentra la lanza y dos balancines unidos al avantrén por medio de resortes para aliviar a la pareja de acémilas en los altos o frenadas; por la parte posterior lleva el perno pinzote para enganchar la pieza.

El carro de municiones contiene 64 granadas colocadas verticalmente, con la espoleta hacia abajo; lleva también el aparato arreglador de espoletas y el eje con argollón para su unión al avantrén. Este último es idéntico al de la pieza y también da asiento a los tres sirvientes del carro de municiones.

Forman parte de este equipo: una caja de herramientas y repuestos, pico y dos palas.
Los dos conjuntos, pieza y carro, están tirados cada uno por tres parejas de caballos o de mulas: la de tronco, la de punta de lanza y la de guías, provistas del atalaje que las guarniciona.

Peso total de la pieza en batería: 1.024 kg.
Peso del tubo-cañón: 337 kg.
Altura del cañón sobre el piso: 1,05 m.
Diámetro de las ruedas: 1,32 m.
Anchura de la vía: 1,52 m.
Peso del avantrén cargado: 746 kg.
Peso del carro de municiones, cargado: 1.000 kg.
Velocidad inicial: 500 m. por segundo.
Tabla de tiro en alcance de 100 a 4.000 m.



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