Martes 18.


Publicado por Arturo Guevara Escobar en

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Página en construcción, próximamente se adicionaran imágenes, planos e información adicional.

Diversas versiones se han publicado cerca de los sucesos que se registraron en este día memorable en que naufragó para siempre el nefasto régimen maderista.

En muchas se han adulterado los hechos; en otras se han inventado detalles que no ocurrieron.

En la imposibilidad de comprobar por ahora los distintos relatos que se han escrito sobre la espantosa tragedia en que estuvimos a punto de perder hasta la nacionalidad, nos concretamos a reproducir el siguiente, por estar más de acuerdo con los datos que personalmente hemos podido recoger en el mismo teatro de los sucesos.

QUE SE ACABE EL EJERCITO PERO QUE SE TOME LA CIUDADELA.

No era posible tomar la Ciudadela de un momento a otro como lo querían el ex-Presidente Madero y su hermano el jefe de "La Porra," Gustavo, quienes daban muestras de impaciencia llamando a toda hora al General Huerta para darle órdenes, pues según ellos no podía tardarse por un día más el asalto, y costara lo que costara, debía estar la Ciudadela en posesión del Gobierno, cuando más tarde el martes.

El General Huerta llamó al General Aureliano Blanquet la noche del lunes y le dijo que había que buscar la manera de evitar la efusión de sangre, porque tanto don Francisco I. Madero, como su hermano don Gustavo y Pino Suarez, pretendían que aunque se acabara el Ejército había que dar el asalto al día siguiente.

Después de estar deliberando por espacio de varias horas, encerrados en la Comandancia Militar con el Coronel Jefe del Estado Mayor García Hidalgo y el Cor. Rubio Navarrete, se llegó al acuerdo de que debía exigirse la renuncia al señor Madero en vista de sus numerosos desaciertos para gobernar y al ningún patriotismo.

La misma noche del martes se cambiaron la guardias de Palacio, quedando los gendarmes montados en el interior y apostados en lea tres puertas y en los patios, los soldados del 29 Batallón de Infantería que es a las órdenes del General Blanquet.

El martes y como de costumbre, al amanecer, mandó llamar el ex Presidente Madero, con su ayudante el Capitán Federico Montes, al General Huerta.

La orden que recibió el viejo soldado fue seca y terrible: “Esta noche aunque sólo quede un soldado, dará usted el asalto a la Ciudadela; espero que me comunicará usted a cualquiera hora de la noche que han acabado con el Ejército, pero que está el Gobierno en posesión de la Ciudadela.”

—Muy bien, replicó el General Huerta, y se retiró.

La mañana del martes, con el mayor sigilo se estuvieron llamando a Palacio varios de los Generales que estaban encargados de la diversas columnas de ataque a la Ciudadela, con excepción de los Generales Delgado, Ángeles y Sanginés. Todos estuvieron de acuerdo en exigirle la renuncia a Madero y su Gabinete, dando su palabra de honor de que no externarían una sola palabra de aquel acuerdo pare evitar que escapasen algunos de los Ministros, y principalmente el jefe de la Porra, Gustavo Madero.

A las dos de la tarde en punto, se ordenó que todas las casas que rodean Palacio fueran cerradas, así como las ventanas. El jefe del Estado Mayor del Gral. Huerta se acercó a los destacamentos que cuidaban de las esquinas cercanas a ese edificio, disponiendo que no recibieran más órdenes que las que les comunicaran directamente los Generales Huerta y Blanquet, desobedeciendo aquellas que vinieran por conducto de los ayudantes del Presidente de la República o sus Ministros, inclusive el de Guerra y Marina.

Comunicadas las órdenes de referencia, regresó el Coronel García Hidalgo a Palacio, diciendo que había cumplido la comisión, así como que los soldados que estaban apostados en San Francisco, hicieron prisioneros a los señores Gustavo A. Madero, Gral. José Delgado y Gral. Agustín Sanginés, que estaban en alegre bacanal en la cantina denominada “Garnbrinus.”

El Gral. Blanquet mandó entonces formar su cuerpo en línea desplegada a lo largo del extenso portalón que conduce a la puerta del centro del patio de honor y dio órdenes a su segundo al Teniente Coronel Teodoro Jiménez Riveroll, del 29o Batallón, y al Mayor Izquierdo, del propio cuerpo, para que con un grupo de oficiales subieran a los salones de la Presidencia y le llevaran un recado al Sr. Madero para que renunciara inmediatamente el alto cargo que le había conferido el pueblo, en vista de su torpeza para gobernar.

Subieron los Jefes antedichos, y al llegar frente a Madero le dijeron que iban a nombre del Ejército a exigirle su renuncia y la de todos sus Ministros.

Escuchar esto y sacar la pistola don Francisco I. Madero fue todo uno. Apenas pudo decir: "Udes. son unos traidores" y disparó sobre el Teniente Coronel Jiménez Riveroll, mientras que el (bravi) Gustavo Garmendia sacaba su pistola y disparaba sobre su superior el Mayor Izquierdo, dejándolo muerto.

Hay quien diga que el Comodoro Malpica fue quien disparó sobre el Mayor Izquierdo, pero todo mundo señala al esbirro Garmendia; que al ver su obra, huyó violentamente por la Secretaría de Guerra y Marina, aprovechando los momentos de confusión que se sucedieron a raíz de la tragedia en los salones de la Presidencia.

El grupo de oficiales que acompañaba a los dos jefes muertos, ante la acometida violenta del ex Primer Magistrado se quedaron perplejos y como el mismo Madero, empuñando aún la pistola homicida, tomara el elevador para bajar al patio de honor, no les diera tiempo para nada, se quedaron arriba rodeando a los ex-Ministros y ex-Vice Presidente Pino Suárez.

Sin sombrero, con los pocos pelos que tiene, erizados, Madero bajó por el elevador, y al ver formado al 29o Batallón y frente a éste al Gral. Huerta con el Gral. Blanquet y demás jefes y ayudantes, gritó a los soldados:

—“Yo soy el Presidente do la República."
—Lo era Ud. hasta hace unos momentos, contestó el Gral. Huerta, adelantándose al ex-Presidente.

Mas como los soldados que estaban cerca a Madero denotaban impaciencia por hacer una descarga cerrada, el Gral. Blanquet les habló y con su mano retiró los cañones de los Mauseers del pecho del ex-Presidente.

Madero, ya desarmado, le preguntó al Gral. Huerta, con insolencia, el por qué de aquella actitud, a lo que contestó el Comandante Militar, lo siguiente:

—"La Nación y el Ejército están cansados ya de sus desaciertos en el gobierno; Ud. ha creído que el Ejército está en el deber de defender, no los grandes intereses nacionales, sino los intereses particulares de la familia Madero. Ud. me dijo hoy por las mañana, que aun cuando se acabara hasta el último soldado, había que tomar la Ciudadela hoy, lo que prueba qua a Ud. y los suyos no les importa nada la sangre que está derramándose y que ven con sumo desdén al Ejército que tanto ha sufrido y que tantas muestras de abnegación ha dado."

—Pero esto es una traición, interrumpió el ex-Presidente

—Queda Ud. prisionero, —contestó el Gral. Blanquet secamente, lo mismo que todos los que fueron sus Ministros.

Acto contínuo, se desprendió una escolta y el "hombre pequeño con grandeza de alma," como le llamaran los hermanos de Blas Urrea, el de la eterna sonrisa, fue conducido en calidad de rigurosamente incomunicado a la Guardia de la Puerta de Honor, donde pronunciaba palabra ininteligibles.

Bajaron en ese instante los oficiales que habían acompañado al Teniente Coronel Jiménez Riveroll y al Mayor Izquierdo y acercándose al General Blanquet, le dijeren en alta voz que sus superiores acababan de ser asesinados en los salones de la Presidencia.
Oír esto los soldados y pretender vengar la muerte de sus jefes fue cosa del memento.

Los oficiales se interpusieron y salvaren de una muerte segura al ex mandatario y sus Ministros que en esos momentos bajaban en Calidad de presos, de los salones de la Presidencia, con excepción del ex Ministro de Hacienda y del de Comunicaciones, Ernesto Madero y Jaime Gurza, respectivamente, que lograron escapar aprovechándose de la escena que se desarrollaba en el patio, en el que fueron protagonistas los Sres. Madero, Huerta y Blanquet.

Eran las siete y media cuando el ex ministro de Gobernación pidió hablar con el Gral. Huerta, quien accedió a ello, ordenando que fuera sacado de la Comandancia Militar el Lic. Hernández y llevado a su presencia.

El ex Ministro de Gobernación, envuelto en una esclavina obscura a rayas, y en tono suplicante, le dijo al General Huerta que lo dejara en libertad bajo su palabra de honor, lo mismo que a sus compañeros los demás ex-Ministros.

EL General Huerta, que se paseaba en el cuerpo de guardia de la Puerta de Honor, mientras presentaba armas la numerosa escolta que allí se encontraba, accedió a la súplica del Lic. Hernández, ordenando que fueran puestos en libertad todos los ex Ministros, con excepción del Lic. José María Pino Suarez, que afortunadamente no pudo huir esperando seguramente al ex-Presidente.

Cuando las campanas fueron echadas a vuelo en señal de regocijo por la terminación de las hostilidades, el Gral. Ángeles, no obstante que se le ordenó que suspendiera sus fuegos, continuaba como el primer día el ataque, por lo que fue mandado llamar con un ayudante del Cuartel General, recogiéndosele su espada.

Aun eran las cuatro de la mañana y en algunas avanzadas del Gral. Ángeles no se conocía la orden de suspensión de las hostilidades y es por eso por lo que se escucharon algunos cañonazos y hubo fuerte tiroteo.

Ángeles entregó la espada y quedó arrestado hasta nueva orden.



La decena Trágica en México, Datos verídicos tomados en el mismo teatro de los sucesos por un escritor metropolitano. Edición de “El Obrero”, León Gto., 1913.

Una vez conocido el arresto de Francisco I Madero y demás personas allegas a él, el pueblo tomó diversas actitudes. Una parte y cuantiosa se reunió frente a Palacio Nacional.

Postal anónima de la colección de la UACJ: "EL PUEBLO FRENTE A PALACIO AL SABER LA PRISION DE MADERO. 2."

Otra, azuzada por el momento, gentuza de la que siempre esta dispuesta a los desmanes cuando se ven solapados por la impunidad, se dedican al vandalismo. Cerca de las 7. 30 de la tarde arde el edificio que albergara al periódico Nueva Era. Al principio solo se contentaban con gritas mueras a sus editores, y lanzar piedras a las ventanas, y luego cundió la idea de prenderle fuego, se reunió petróleo para la fechoría, pero en un almacén contiguo se halló un depósito del mismo. Por lo cual el incendio fue controlado por los bomberos hasta la mañana siguiente.


Fotografías de la mañana del 19 de febrero de 1913, los bomberos recogen sus herramientas después de trabajar toda la noche, una bomba hidráulica conectada a su manguera, a media calle sobre Balderas. Superior, fotografía atribuida a Agustín V. Casasola. Inferior, fotografía de Antonio Garduño.


También se puede leer:

Shrapnel.
El horror. Cremación de cuerpos en la vía pública.
La Decena Trágica. Antecedentes. La "H. J,. Gutiérrez" previo a la decena.
La Decena Trágica. Los fotógrafos.
La Decena trágica. La cámara anónima.
La Decena Trágica. La competencia.
La Decena Trágica. Gutiérrez-Retes.
La Decena Trágica. Tarjetas conmemorativas I. Serie editada por la American Book & Printing Co.
Decena Trágica. Daguerre o Escobar.
Decena Trágica. H. J. Gutiérrez. Serie de 63 fotografías.
"H. J. Gutiérrez", la Decena Trágica. Análisis de la serie fotográfica de la "H. J. Gutiérrez".

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